
¿Está enfermo alguno de vosotros?
¡Orad al Señor!
- Llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y lo unjan con Óleo Santo en el nombre del Señor. La oración que nace de la fe salvará al enfermo, el Señor lo aliviará, y si tuviera pecados, le serán perdonados. (St 5,13-15)
- Hijo mío, no te impacientes con un enfermo, sino ruega al Señor para que le sane. (Eclo. 38,9)
- Dichoso el que cuida del débil, del pobre y del enfermo, nuestro Dios lo tendrá en cuenta (Sal 40.)
- El enfermo necesita además de ser ungido con el óleo santo que la iglesia rece por él.
Orar por los Enfermos
está al alcance de tu corazón

Te presentamos Señor,
a todos los enfermos
V/ Dios mío, ven en mi auxilio
R/ Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al padre, al hijo al Espíritu Santo…
¡Señor!, te encomendamos a los enfermos del mundo entero, y a cuantos enfermos anónimos están sufriendo hoy, y muy especialmente a los enfermos de [nuestro hospital, de mi familia…]
¡Acompáñales en su camino!
¡Acoge su dolor!
¡Escucha sus súplicas!
¡Mitiga sus dolores, su angustia y su cansancio!
¡Infúndeles aliento en su esperanza!
¡Confórtalos en la prueba!
¡Aviva su confianza en Dios, nuestro Padre!
“¡Hazles sentirse queridos por los suyos, pues será su mejor medicina!”
¡Alegra sus corazones!
¡Llena sus vidas de amor!
¡Descúbreles el valor salvador de su sufrimiento!
¡Hazles evangelizadores de los sanos, y
los grandes bienhechores de la humanidad!
¡Dales tu paz y tu salvación!
¡Bendícelos Señor!
Amén.
Salmodia
Salmo 6
Antífona ¡Señor, escucha mi súplica!
Señor, ten piedad de mí,
porque me faltan las fuerzas.
Sáname, porque mis huesos se estremecen.
Mírame, óyeme, Señor, rescata mi vida.
Sálvame por tu misericordia,
porque en la muerte nadie se acuerda de ti.
Señor, escucha mi súplica.
Señor, acepta mi plegaria.
Señor, en ti busco mi descanso.
Señor, en ti encuentro mi sosiego.
Antífona ¡Señor, escucha mi súplica!
Salmo 31
Antífona ¡Pongo mi vida y mi enfermedad en tus manos, Señor!
Yo me refugio en ti, Señor,
inclina tu oído hacia mí
y ven pronto a socorrerme.
Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu nombre, guíame y condúceme.
Señor ¡Tú eres mi refugio!
Yo pongo mi vida y mi enfermedad en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Yo confío en ti, Señor.
¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!
Cuando tú viste mi aflicción
y supiste que mi vida peligraba,
no me entregaste al poder de la enfermedad
sino que me acogiste con tu amor.
Ten piedad de mí, Señor,
porque estoy angustiado:
y te digo:
«Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos».
Líbrame del poder de mi enfermedad.
Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia.
¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos.
¡Bendito sea el Señor!
El me mostró las maravillas de su amor
en el momento del peligro.
Tú escuchaste la voz de mi súplica, cuando yo te invocaba.
Amen al Señor, todos sus fieles,
sean fuertes y valerosos, todos los que esperan en el Señor.
Antífona Yo pongo mi vida y mi enfermedad en tus manos, Señor
Salmo 88
Antífona ¡Yo te invoco, Señor, todo el día!
¡Señor, mi Dios y mi salvador,
día y noche estoy clamando ante ti:
que mi plegaria llegue a tu presencia;
inclina tu oído a mi clamor!
Porque esta enfermedad es muy larga.
Siento que mi vida está al borde de su fin,
y soy como un hombre sin fuerzas.
Yo te invoco, Señor, todo el día,
con las manos tendidas hacia ti.
Invoco tu ayuda, Señor;
desde temprano te llega mi plegaria.
Estoy afligido y enfermo
extenuado bajo el peso de mi enfermedad
y pienso que tus enojos pasaron sobre mí.
Señor haz brillar tu rostro sobre mi.
Antífona ¡Yo te invoco, Señor, todo el día!
Cántico Cristológico
Ef 1,3-10
Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Antífona ¡Anuncia al mundo la salvación del Señor!
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.
Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.
Antífona ¡Anuncia al mundo la salvación del Señor!
Lectura bíblica
Del evangelio según san Juan 14, 4-6
Y adonde yo voy sabéis el camino. Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Le dice Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.
R/ Haz Señor en nosotros, según nuestra fe.
Oración de los fieles
Jesucristo nuestro Señor, se hace presente en la vida del enfermo por el acontecimiento de su Pascua, que es nuestra espera, nuestra esperanza. -Oremos al Señor para que sus enfermos encuentren en su iglesia, tu corazón que los acompaña en la esperanza.
R/ Roguemos al Señor
Oración con la Virgen María a Modo de Conclusión
A. Rezo del Ángelus si la oración es al medio día (en Pascua se sustituye por Regina Coeli)
B. Regína coeli, laetáre
C. María intercede por los enfermos si es por la tarde

Elige tu opción
Amén


